Mi día fue una locura: curro, movidas, problemas por todos lados… estaba hasta arriba de frustración. Eso cambió en un segundo cuando Damien me mandó unos mensajes diciendo que quería que me pasara a hacerle una visitita. ¿Cómo iba a decir que no, sabiendo que en nada se me iba a quitar la tensión? Damien estaba tirado en la cama, mirando el móvil cuando entré en su habitación. Con su voz típica, sexy y provocadora, me dijo que le alegraba que hubiera venido y que esperaba no estar quitándome tiempo. Yo le solté: «Estoy a tu servicio». Sonriendo, se deslizó por la cama hacia mí. Pensé: Damien lo hace fácil, sin dramas, sin complicaciones… solo diversión de la buena. Y me encanta cómo su cuerpecito encaja contra el mío. Ya tenía la polla dura cuando me acerqué a su lado. Se incorporó, me dio un beso dulce, me bajó el frontal del calzoncillo y me la chupó. Ver su cuerpo pequeño tumbado en la cama, levantándose para mamármela… me pone a mil, y me deja con unas ganas brutales de meterle mi polla grande en su culito apretado.